Madurez
"No intentes ser una persona de éxito, sino una persona de valor" (Albert Einstein)
NdA: este contenido es muy mío. Es decir, lo escribí principalmente para mí, para no olvidarlo. Pero como estoy muy orgulloso de lo que salió, decidí terminar de pulirlo y publicarlo. Así que aviso tempranamente al que se lo encuentre, lo reciba o se lo cruce por ahí: quien guste y tenga tiempo, siga leyendo; deseo de corazón que le sirva (coincida o no con lo aquí escrito). Al que no, también siga… su camino al siguiente contenido algorítmico, sintético o postureado.
Primero lo primero. Para pulirlo debo ordenar lo necesario para este artículo: título, frase de guía e inspiración, ideas fuerza. Qué quiero decir, porqué, porqué ahora, qué fuentes usar, qué tan fidedignas son, qué mensajes me gustaría dejar para la reflexión, el pensamiento crítico, la relectura. ¿Dejarle a quién? Como dije en el inicio, siempre y primero a mí. Pero tal vez, y ojalá, algo de esto sirva también a alguien más que pase por aquí y lo lea.
Segundo, Francia (al menos por 2 meses más). Intentar elaborar algunas de estas ideas siempre dentro de “lo mío”. En ese “dominio que domino” profesionalmente: la tecnología, la industria digital. La Inteligencia Artificial que ocupa (¿y contamina?) todo el espectro del discurso presente: de las inversiones, el consumo, el futuro. De la educación, la cultura, el trabajo. Aquí es donde todo se empieza a escapar y desordenar. ¿Se entiende?
Finalmente lo que queda. Fracasar en el intento focal y volver repetidamente hacia algo distinto. Más profundo, lejano e inasible: el impacto del uso de la tecnología en la esencia del ser humano. ¿Se puede opinar de humanismo sin ser un experto? Bueno, un humano opinando del ser humano parece algo lógico. ¿Se tienen que tener diplomas para eso? Y sino, pues… ser argentino te da los títulos suficientes para opinar de cualquier cosa, ¿cierto? Al menos, impunidad.
Estamos listos, entonces.
Einstein promovía la búsqueda del valor por encima del éxito y consiguió ambas cosas. A lo mejor en su vida cotidiana no lo percibió. Quien sabe. Uno se viste, se pone una coraza y sale a enfrentar la vida. Pero nunca se dejan atrás los propios sentimientos y emociones. Nadie sabe con qué dolores cada quien da sus batallas. No se guardan en un cajón del dormitorio, se llevan siempre encima, aunque no abulten ni deformen la ropa.
También quizás por eso, entre sus tantas frases famosas (que tal vez no fueron suyas), se le atribuye al Nobel de Física esa otra que retrata la madurez de una manera incisiva:
“Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos”
De eso se trata la esencia de la vida: de empatía y altruismo. Estoy absolutamente convencido. Aunque lo haya puesto en palabras un científico y no un filósofo o un estudioso de la psicología humana y la sociedad.
Conectando los Puntos

Ya, ya… ya se entenderá hacia donde voy. Todas estas ideas desordenadas se conectan por varios lados a la vez y es difícil asirlas. Por eso me había puesto a escribir algunas notas sueltas, que intento ahora organizar.
Hace algún tiempo que me siento en la madurez de mi profesión, con la experiencia suficiente como para que no se convierta en decadencia tan fácilmente. Sucederá, seguramente, pero le daré pelea, ¡obviamente!
Mantenerse actualizado en este rubro es algo difícil, porque no solamente requiere de tiempo y dedicación en exceso, sino que casi siempre hay que agregar una cuota grande de suerte. Estar en el lugar exacto, en el momento preciso.
Estar o buscar estar, que es parecido, pero no lo mismo. Decía Wayne Gretzky, el famoso jugador de hockey sobre hielo:
“Patina hacia donde va a estar el disco, no hacia donde ha estado”
Anticiparse, husmear el futuro, adivinar y tener más chances de acertar por el conocimiento que se va acumulando. Y agregarle suerte. Siempre.
Madurez. Empatía. Experiencia. Suerte.
Vamos bien. Me dice Gemini que la conexión existe: “Estas cuatro palabras trazan el camino del crecimiento personal: la experiencia nos da madurez y empatía, lo que atrae mejores oportunidades que solemos llamar suerte”.
Si lo dice la IA hay que creerle, ¿no es así?
Madurando mi madurez
Esta semana pasó algo con mi hijo más pequeño, que fue lo que me impulsó finalmente a intentar conectar todos estos puntos. Bajar algunas ideas a algo más concreto.
Cerrar ese círculo que me preocupa y ocupa, y que siempre digo que existe, desde el primer día que escribo aquí. Porque, al menos en el métier digital, estoy seguro de que el Mundo es Circular.
Lo que me sucedió con mi hijo fue anecdótico, algo usual en la adolescencia temprana. Mi enojo fue importante. El castigo, creo, merecido. Me sentí mal, por supuesto. La frase “esto me duele más a mi que a ti” siempre ha sido cierta, solo que uno solo la entiende cuando está del lado del que impone el castigo.
Lo que nunca esperé fue encontrarme temprano al día siguiente con una breve y sentida nota manuscrita en mi escritorio. Un papelito con una letra tan indescifrable que tuve que pedir a Gemini ayuda en la lectura. ¡De verdad!
Fue eso lo que me llevó a reflexionar sobre el mundo alocadamente veloz que vivimos (la nota, no tener que usar a Gemini para entender la letra). A lo difícil que es detenerse y levantar la cabeza para mirar un poco más allá.
Me llevó a pensar en la madurez y a encontrar, por suerte, esa soberbia frase de Einstein.
Y es así: hoy estoy más preocupado por los demás que por mi. Mi madurez no es solo profesional. Es personal. Y duele.
Me sentí tan tocado por su esquela (no por la culpa, sino por la emoción) que decidí escribirle una respuesta. Larga.
Me tomé mi tiempo, y como mi letra es más indescifrable aún, lo hice por correo electrónico. En parte por lo que me cuesta escribir a mano, pero también, como le dije en mi mensaje, “porque es mejor escribirte así, y pedirte que lo leas, que lo guardes y lo vuelvas a leer cuantas veces sea necesario hasta que entiendas lo que está pasando”. Hoy es más fácil y seguro “archivar” un email que guardar un papelito, no tengo dudas. Mejor incluso que un DM en su “Insta”.
Reconectando Modelos Fundacionales con Sentimientos Humanos
¿Por qué decido volcar aquí algo tan íntimo y personal, cuando decía que solo intentaba ordenar algunas notas e ideas para mi?
Porque en esta infinita e inesperada conexión de puntos en que se ha convertido nuestra vida, hoy se me cruzó algorítmicamente un post en X que me ayudó a cerrar otro círculo encima del anterior.
Le decía a mi hijo en mi respuesta algo que no es íntimo, sino una creencia muy profunda que compartimos con mi esposa y por eso puedo transcribir:
“Cada vez que fui a la escuela a hablar con tus tutores o profesores, les he dicho lo mismo: “Yo quiero que ustedes lo instruyan, nosotros con su madre nos encargamos de educarlo”.
Parece un juego de palabras que suelen significar lo mismo, pero no lo es. Instruir es enseñarte las herramientas necesarias para que puedas aprender las cosas que te sirvan para trabajar. Educar es darte las herramientas necesarias para la vida, para las relaciones con otras personas, construir tu ética, tu moral, tus límites, tu dignidad.
Con tu madre te educamos, con todos los problemas que eso trae, porque no somos sabios y nosotros también tenemos errores, falta de tiempo, dudas, cambios de marcha, desentendimientos y peleas entre nosotros. Cosas normales entre los adultos.”
El post de X también es, quizás, algo anecdótico, principalmente porque incluye opiniones políticas bien anunciadas, algunas con las cuales estoy de acuerdo, y otras con las que no.
Será que soy orgullosamente Generación X, y que -como dice Natasha Leggero- mi Pensamiento Crítico aún lo pongo de frente y se resiste a las tentaciones de los algoritmos y la lectura fácil.
Sé perfectamente porqué este algoritmo “inteligenciartificialmente conspiranoico” de X lo eligió para mi. Últimamente me viene encerrando en 2 o 3 temas recurrentes, y debo maniobrar para sacarlo (sacarme) de algunas cámaras de eco.
Lo que sí creo de este post es lo que me trae a esta última parte, a mi experiencia y mi madurez.
A intentar reconectar la Inteligencia Artificial, los Modelos Fundacionales, los Algoritmos y los Agentes Automatizados, con el Ser Humano.
Sin importar porqué lo detalla este reciente influenciador (al que hoy siguen hasta Elon Musk y Marc Andreessen), ya que es claro que su opinión tiene un picante sobre el que no quisiera polemizar, coincido en que la Inteligencia Artificial moderna pone en jaque (para bien, eso también creo) tres paradigmas concurrentes: la escasez como signo distintivo histórico del desenvolvimiento humano; la desigualdad de acceso al conocimiento y a las competencias; y la consecuente y necesaria intermediación en la interpretación de la realidad. ¡Qué tal!
Extracto las frases que merecieron mi atención y coincidencia sin sesgos:
… La escasez primero. Durante 200 años, la economía política ha girado en torno a una pregunta: ¿cómo repartir una producción limitada? … la IA invierte la ecuación. El costo marginal de la inteligencia tiende a cero. La producción de software, de diseño, de análisis, de código, pronto de materia manufacturada por robótica avanzada —todo eso se vuelve cuasi gratuito. En un mundo de abundancia, la pregunta "quién merece qué" pierde su sentido. Ya no hay nada que arbitrar…
La IA es el mayor igualador de acceso al conocimiento y a las competencias en la historia humana. Un chico en lo más profundo de Bangladesh tiene hoy acceso al mismo tutor que el heredero de una familia neoyorquina. Un desarrollador solo produce lo que un equipo de 20 producía hace tres años. Las barreras se derrumban…
Los intermediarios por último… La IA hace obsoleta esa traducción. Todo el mundo puede interrogar directamente la fuente, verificar un dato, comparar modelos, simular una política pública. El monopolio de la interpretación ha muerto.
Por eso digo que la IA es un catalizador de verdad. No crea la verdad —la hace ininterrumpible. Los sistemas que producen valor se vuelven visibles. Los que la capturan sin producirla también se vuelven visibles…
Para este caso particular que redondea mi propio círculo digital en torno a la instrucción y la educación, había escrito algo hace algún tiempo. Una especie de guía práctica para padres primerizos en la IA. Incluso en dos partes.
Puedo corregir la parte que me toca, pero no dejo de estar alerta y bastante desconcertado por la falta de reacción de las instituciones educativas y de los Estados. Solo parece preocuparles si los estudiantes hacen su tarea con apoyo de la IA (o más que eso). No veo ningún indicio que marque que hayan iniciado el proceso de inserción digital y reconversión de los modelos de instrucción hacia donde deberían estar en el presente que vivimos.
Por mi experiencia en la industria de medios, las analogías son obvias. Fueron las primeras víctimas de toda disrupción digital y aún hoy no logran adelantarse a lo que se ve claramente en el horizonte. La Inteligencia Artificial, no solamente la Generativa, está terminado de darles el último zarpazo con los sistemas agentivos. Pero ni así reaccionan y continúan su lento declive hacia la obsolescencia. Si hasta pareciera que con orgullo más de uno declara recién en 2026 -como si tuvieran tiempo- que podrían empezar a organizar un comité interdisciplinario liderado por algún pseudo-cráneo de ocasión, para definir un modelo coordinado de trabajo transversal hacia el uso sistémico de la IA. Quizás en 2 o 3 años estén preparados para el primer piloto. Si aún sobreviven. Parece un chiste, pero no lo es.
Por eso digo que lo que hoy me preocupa en mi madurez es el futuro de la instrucción, la educación, la cultura y el trabajo de mis hijos. Para ellos no por empatía ni altruismo, sino por amor. Para el resto de estas nuevas generaciones, quizás sí sea incluso por algo de cómplice responsabilidad con este presente.
Es esto y es ya. Toda esta larga vuelta llena de elipses puede resumirse en esto. Tan simple y tan complejo.
Le digo a mi esposa que últimamente vivimos llenos de “casi”. Cuestiones personales y, esta vez sí, íntimas. Y que está en nosotros intentar con todas nuestras fuerzas salirnos de esos “casi”. O quedarnos ahí y enfrentar las consecuencias, pero sin echar a otros las culpas. También es esto y es ya.
Quizás por todo lo anterior es que no puedo estar más feliz. Encantado de poder seguir aprendiendo y, sobre todo, seguir entendiendo lo necesario para que mi experiencia me permita mantenerme relevante y evitar la decadencia.
El pasado ya tan lejano como 3 años atrás fue la generación y la conversación. El presente es el razonamiento. El futuro inmediato es la acción. ¿Y el futuro del futuro? La mejora en el trabajo, la educación, la ciencia, la salud, la pobreza…
Pura aceleración. Depende de nosotros entenderlo y tomar acción.

