Burbújulas
"Para el año 2005, más o menos, quedará claro que el impacto de Internet en la economía no ha sido mayor que el de la máquina de fax" (Paul Krugman, 1998)
Krugman explicaba años después que lo sacaron de contexto, que él nunca fue experto en tecnología, y que la idea de la revista del New York Times en aquel lejano 1998 era celebrar su centenario pronosticando los siguientes 100 años de la sociedad. Un juego, casi una ironía.
Fue en 2013 que intentó aclararlo, para también afirmar que, en cambio, si le preguntaran por temas de economía, ahí sí tendría opiniones con sustento.
Por eso ese mismo año había titulado contundentemente en el New York Times que el Bitcoin era malvado, que era altamente probable que estuviéramos en una burbuja financiera. Temporal, como toda burbuja:
“Así que hablemos tanto de si Bitcoin es una burbuja como de si es algo positivo, en parte para asegurarnos de no confundir estas cuestiones.”
Si se lee en detalle ese breve artículo, quedará claro que no está haciendo afirmaciones concluyentes, sino abriendo un debate que parece honesto.
Pero todos nos quedamos con los títulos y las frases fuertes, y más si suenan contundentes. Y mucho más si vienen de supuestos expertos, gurúes que terminan equivocándose. Perdiendo la burbújula.
Así somos los humanos, con una capacidad de resumen sorprendente, muy acorde con nuestro espectro de atención actual, con todo lo que eso signifique. Títulos, cuanto más cortos, mejor.
Pero es cierto que leer su escepticismo en 2026, poco más de 12 años después (o casi 30 del primero augurio), resulta hasta casi gracioso. Algo penoso.
Aquel diciembre de 2013 fue una montaña rusa para la criptomoneda: de $900 a casi $1.200, y de ahí derechito a una brutal caída hasta los $600.
Hoy el Bitcoin ronda los $61.000.
¿Qué significa eso? Ni idea, no soy experto en economía y finanzas, pero si me preguntaran por temas de tecnología y negocios digitales, ahí sí tendría opiniones con sustento.
Antes de seguir, hago una aclaración para no tener problemas familiares: decidí titular este ensayo usando una palabra que me regaló mi hermano mientras hablábamos de algo parecido a esto (y de energía nuclear, Oriente Medio, religión, política, el Mundial de Fútbol, el último álbum de Ca7triel y Paco Amoroso, la cocina ucraniana del siglo 19, y la historia medieval europea, que esos son los temas usuales en una charla entre argentinos, ¿no?).
“Burbújula”: f. Dícese de los pronósticos agoreros de algunos analistas que perdieron la brújula hablando de las burbujas financieras modernas.
Digamos lo obvio: Krugman no es el único analista, pensador, ejecutivo, charlatán o persona del común que se equivoca cuando trata de adivinar lo que puede suceder.
He escrito varias veces del asunto, uso repetidamente algunas frases similares sobre el futuro impredecible.
Busco apoyarme desde la superficialidad en algunas teorías profundas: la del Caos, la de la Incertidumbre. Para cada caso cito alguna frase rimbombante que me dé la razón, que eso hacemos siempre: sesgamos y torcemos la historia a nuestro favor. Charlatanería con sustento.
Hoy, como siempre o más que nunca, aparecen de nuevo los futuristas, los agoreros, los librepensadores que piensan dizque libremente, pero deciden verbalizarlo metiéndose en una (u otra) burbújula.
Algunos provocan pequeños sismos, otros grandes cismas:
“Creo que hay mercado para quizás cinco computadoras” – Thomas Watson, presidente de IBM, 1943.
“No hay ninguna razón para que alguien quiera tener una computadora en su casa” – Ken Olsen, fundador de DEC (Digital Equipment Corporation), 1977.
“La televisión no se mantendrá en ningún mercado después de seis meses. La gente pronto se cansará de mirar todas las noches una caja de madera contrachapada” – Darryl Zanuck, productor de 20th Century Fox, 1946.
“El teléfono tiene demasiadas carencias para ser considerado seriamente como un medio de comunicación” – Memo interno de Western Union, 1876.
“Somos lo suficientemente inteligentes como para inventar la Inteligencia Artificial, lo suficientemente tontos como para necesitarla, y tan estúpidos que no podemos saber si hicimos lo correcto” – Jerry Seinfeld, humorista librepensador, 2024.
"Es poco probable que Internet sea más popular que la televisión", "La idea de que las mujeres quieran conducir coches es una tontería", "Google es un sitio peligroso", “Internet es la primera cosa que la humanidad ha construido y que no entiende”… la lista es infinita.
(Colaboración de Google Gemini a través de AI Overviews).
De Burbujas y Burbújulas
Como insiste una y otra vez Ben Thompson en Stratechery, no todas las burbujas son malas: están aquellas que destruyen valor y no dejan nada a la sociedad, y esas otras que solamente se anticiparon a su tiempo, pero de las que luego del inevitable estallido es posible reconstruir y generar (incluso exceder) los beneficios esperados.
Se trata de una carrera para posicionarse, para ser los primeros, los únicos, los elegidos. Es ahora o nunca, aunque todos corramos el riesgo de que sea nunca.
Crear cimientos, plataformas, agregadores, sistemas de registro, efectos de red, fosos (“moats”) inviolables.
Me tocó vivir de adentro la anterior: la burbuja Punto Com del año 2000, que en mi caso se juntó con otra, pero más localizada y triste: la crisis financiera de Argentina que detonó a fines del año 2001.
El vil dinero.
Se podía oler, no era tan difícil de anticipar.
Recuerdo que se nos acercaban startups de todo tipo y color buscando apoyo, principalmente en comunicación masiva a cambio de acciones, que aún los medios tradicionales tenían con qué, en ese entonces.
A otros iban a buscarles dinero por acciones, tecnología por acciones, lobby por acciones…
Cada línea de gasto se convertía en la oportunidad de acercar un nuevo socio, de partir en mil pedacitos la base accionaria, de estirar la vida útil del dinero real lo más que se pudiera.
También me acuerdo que todos los planes de negocios eran iguales, supongo que escrito originalmente por algún banco de inversión (no eran tan usuales los fondos y los capitalistas de riesgo en mi región) y replicados sistemáticamente por cada uno de aquellos esperanzados emprendedores con su “idea única e irreplicable” y sus asesores de inversión.
Todos aspiraban a conquistar audiencias masivamente (aunque Internet no era tan masivo en aquel entonces), a perder mucho dinero los primeros años (cuanto más, mejor) para aumentar exponencialmente su base de clientes fieles, y -milagrosamente- a partir del año 5, más o menos (allá, bien lejos), comenzarían a recuperar -o crear- ingresos para ganar plata. Mucha plata. Muchísima plata. El vil dinero.
En paralelo se construía infraestructura: de a poco íbamos saliendo de la comunicación satelital e instalando fibra óptica. Cambiando las conexiones hogareñas telefónicas por accesos fijos. Conectando aquel país lejano del sur con el resto del planeta digital. Creando centros de datos y computación donde vivirían todas estas “punto com” que conquistarían el mundo.
Datacenters y fibra. Fibra y Datacenters.
Sucedía algo similar: los planes de negocios de estas otras empresas también eran calcados. Muchas de ellas eran corporaciones ya bien constituidas o joint ventures al paso. También todas iban a tener a los mismos clientes, también ellos iban a tener que adelantar las inversiones y perder plata, mucha, para luego recuperarla porque serían los campeones de la conectividad.
Siempre me preguntaba cómo era que había dinero para todos, si quedaba claro que Internet no era tan masivo -como dije-, pero también que no podía suceder que todos ganaran dinero, si todos pretendían conquistar el mismo TAM (“Total Addressable Market”). ¿Ingenuo? Puede ser, ya dije que no soy experto en finanzas.
Solía bromear diciendo que aquellos Datacenters se convertirían en los depósitos donde se guardara toda la fibra óptica que iban a tener que retirar luego de cablear una y mil veces el centro de Buenos Aires, haciendo pozos cada vez más profundos en la misma zona. Calles y aceras rotas y arregladas una y otra vez. Tapas de hierro fundido que aún perduran con el logo de empresas que ya no existen.
Se podía oler, no era tan difícil de anticipar.
Como hoy… el vil dinero. Ambición convertida en codicia.
La Burbújula Tokenizada
Que no fue Netscape, que fue Microsoft con Internet Explorer. Que tampoco, que no permitiremos ese monopolio. Que entonces es Firefox, Opera, o mejor Chrome, porque a Netscape ya lo quebramos de tanta demora en decidir. Pero luego ni siquiera, porque ahora el mundo es mobile y lleno de apps. Y que entonces quebramos a Blackberry, y a Nokia ya que estamos, por necios. Pero que mejor sí, que mejor es de nuevo Chrome, o Safari, que al final no era para tanto, que la gente solo se queda con 10 o 15 apps en su teléfono y las otras no las usa nunca. O peor, las desinstala, porque sino no entra en la memoria ese video que está haciendo para subir a Instagram. O a TikTok. Pero que ahora el navegador es inteligente de verdad, ahora veremos el “revival” de los navegadores, pero con IA integrada. Perplexities a la moda, si no es un navegador será un “computer”.
Ufff… uno se cansa de tanto tratar de recordar. Veinticinco años en una sola frase.
Las burbujas y las burbújulas ya encontraron su nueva víctima. Le toca el turno entonces a la Inteligencia Artificial. Ya va siendo hora.
No tanto a las herramientas de software: los modelos fundacionales, sus aplicaciones generativas, de razonamiento y agénticas serán lo que quede, seguramente, cuando se desinfle alguna vez esta burbuja. Todo el mundo sabe que la IA de hoy es el equivalente a Internet en los ‘90s, que aún está todo por construirse y cualquier opinión es válida.
Incluso tampoco la burbújula está estrictamente en aquellos elementos del mundo físico y palpable de la mirada industrial: fuentes de energía, centros de procesamiento de datos, hardware y conectividad, wafers, chips y fabs. Quien mejor lo ha resumido en estos días es aquel que más se aprovecha de esta fiebre: Nvidia.
La discusión de fondo hoy es clara, tan predecible como aquella historia “punto com”: es el “loop” financiero que provoca el “circular revenue” del que todos se hacen un poco los distraídos, al menos por ahora.
Se puede oler, no es tan difícil de anticipar.
“Krugmaneando” la cosa (¡que no soy experto en finanzas ni economía!), le pedí a Nano Banana que lo dibujara detalladamente. Aún se equivoca e inventa algunas palabras, pero me parece muy entendible la representación gráfica que incluí más arriba.
Le pedí, sobre todo y para aportar algo más (que dibujos de este estilo existen desde hace varios meses), que investigara los riesgos. Porque me parece que precisamente ahí reside el punto crítico, el momento en el que las burbujas tienden a estallar.
Creo que el primero de esos riesgos va ganando exposición, no tanto por el imaginario de Google de una carrera tecnológica (que existe, claro), sino por el concretismo de los países, los temores de las personas, el nerviosismo de los inversionistas. La guerra y sus consecuencias.
Perderé y perderemos todos, aunque estemos lejos de este asunto.
Aquellos analistas y agoreros que operan en las burbújulas suelen explicar la historia y el presente de mejor o peor manera. Suelen fallar, como todos, imaginando el futuro.
Personalmente trato de buscar referentes. Aunque no siempre coincida con su mirada, aunque me cuestione si estas mismas personas sabrían ejecutar en vez de opinar.
No hay nada más fácil que hablar. Nada más difícil que hacer. Nada más imposible que predecir.
Benedict Evans es un excelente consultor, uno de esos que de cierta forma se ha mojado los pies en el agua, al menos desde algún rol cercano a la ejecución.
Algo charlatán, un poco burbújulo también. Pura flema inglesa. Pero se cuida de armar su discurso de modo tal que nunca le pasé como a Krugman, nunca dejar frases provocadoras y contundentes que puedan convertirse en memes.
Hace pocos días hizo un largo recorrido sobre estos asuntillos, que quisiera compartir con ustedes para terminar.
Es largo, si, y además su inglés londinense es bien cerrado. Como él mismo dice, no hay mejor lugar para guardar algo encriptado que la segunda hora de un podcast.
Pero verán que los temas que trata merecen la pena, si se animan:
Si OpenAI será el Netscape de la IA.
Si los chatbots generan Efecto de Red o solamente “Stickiness”. Si pueden convertirse en una Plataforma o serán simplemente un commodity en la infraestructura IA.
Si esa infraestructura en la que se monta la IA es débil (como aquel meme que se va actualizando mes a mes).
Si los Agentes de IA son algo concreto y entendible o a ese término le sucede lo mismo que al Metaverso: tantas definiciones como personas que lo usan.
Si empezamos a vivir una era de “Ephemeral/Improvised software”.
Si esta burbuja es igual a otras, o si la aún incipiente e impredecible eficiencia de los algoritmos puede marcar alguna diferencia y evitar el estallido.
Si, como conclusión importante, estamos ante una tecnología que viene a reemplazar y optimizar negocios existentes, o si la IA se convertirá en un negocio “aditivo” (como en aquella Paradoja de Jevons). La primera ola automatiza y hace más barato el producto. La segunda baja las barreras de entrada y facilita la competencia. La tercera es la mas interesante: se empiezan a hacer cosas que antes no se podían ni siquiera pensar, y ahí se genera valor.
A disfrutar la vida mientras nos lo permitan. Espero que aprecien mi aporte.
P.S.: mi sentida solidaridad con aquellas periodistas, presentadoras, practicantes y trabajadoras que sufrieron con esos periodistas, presentadores, o el cargo directivo que fuera que tuviesen. Depredadores inviables en el mundo que vivimos.



