Bienvenido a Casa, Hijo Mío
"Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros" (Groucho Marx. Quizás)
Dicen que no. Que tal vez originalmente había aparecido en un escrito en Nueva Zelanda de la segunda mitad del Siglo XIX.
Pero la viralidad y las fake news no se inventaron con las redes sociales, claro que no. Le duela a quien le duela, el boca a boca y las mentirillas blancas (y negras) forman parte de la esencia del ser humano.
Internet solamente facilitó su masificación instantánea. Global.
Así como la imprenta en la Edad Media, los periódicos en la Edad Moderna, o la telegrafía en los 1800s.
De este lado del Atlántico o del otro, no importa en qué orilla estuvieras, siempre que supieras leer. ¡Ah! Pequeño detalle…
Cada era con su tecnología maravillosa. Maligna. ¿Humana?
Por eso siempre fue más simple y divertido creernos que fue Groucho quien se inventó esa frase sobre los principios que encabeza este breve artículo.
Claro, cómo no. Si la ironía era la esencia de su humor. De hecho, la ironía es la esencia de cualquier humor. ¡Del humor!
Imparciales y Objetivos
Y es así nomás: la vida digital está plagada de principios. Y de “otros” principios. Si no les gustan tampoco esos, bueno, pues… ya veremos. Algo nos podremos inventar.
Corría el año 2004. Google aún no era Alphabet y todavía era una empresa privada financiada por aventureros audaces.
Sin embargo, preparando su IPO, los fundadores escribieron una carta pública para explicar su mantra “Don’t be Evil”, esencia de su cultura organizacional:
“Los usuarios de Google confían en nuestros sistemas para que les ayuden a tomar decisiones importantes: médicas, financieras y muchas otras. Nuestros resultados de búsqueda son los mejores que podemos producir. Son imparciales y objetivos, y no aceptamos pago alguno por su inclusión ni por actualizaciones más frecuentes. También mostramos publicidad, que nos esforzamos por hacer relevante, y la etiquetamos claramente. Esto es similar a un periódico bien administrado, donde los anuncios son claros y los artículos no se ven influenciados por los pagos de los anunciantes. Creemos que es importante que todos tengan acceso a la mejor información e investigación, no solo a la información que la gente paga por ver.”
PRINCIPIOS.
Ha corrido demasiada agua bajo el puente en estos poco más de 20 años.
Mucho más velozmente en los últimos 3, sin dudas.
Un torrente que se volvió tsunami. Maremoto.
Ya Google dio la vuelta de campana, quedó con la quilla mirando el cielo, fue penalizado, y se equivocó una y mil veces usando la propia tecnología que había creado y entregado públicamente.
Pero volvió a renacer con fuerza.
OTROS PRINCIPIOS.
Con pocos “blue links” y muchas respuestas con “zero click”. Con nuevos productos.
En otras épocas donde escribía largo y con más humor (perdón, ironía), me admiraba de ellos, pero pedía a toda la industria que respetara al consumidor. NO SEAN MALVADOS, exigía desde este estrado a todas las organizaciones que operan en el negocio digital.
No me hicieron caso. Por algo será.
Estos son Nuestros Principios
Esta historia tiene miles de años, pero siempre se repite: en algún momento, el hijo pródigo vuelve a casa.
Y tocará decir, como corresponde: “Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta…".
Solo que esta vez Sam no dijo "Padre, pequé contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo", sino que prefirió describir una parábola un poco más larga y combada en su anuncio de ayer:
“Estamos comenzando a probar anuncios en los niveles gratuito y Go (nueva opción de $ 8/al mes) de ChatGPT.
Estos son nuestros principios. Lo más importante es que no aceptaremos dinero para influir en la respuesta que ChatGPT te da y mantendremos tus conversaciones privadas ante los anunciantes.
Tenemos claro que mucha gente quiere utilizar mucha IA y no quiere pagar, por lo que tenemos la esperanza de que un modelo de negocio como este pueda funcionar.”
Y llegará el hermano mayor, el alfabetizado, y protestará ante el padre declarando su fidelidad de siempre, prometiendo que nunca se parecerá a su hermano menor (no, al menos no por ahora).
Y el padre, la industria toda, le agradecerá con amor, y le explicará porqué le da la bienvenida a su hijo pródigo ya que, obviamente, “… ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado”.
Financiar la Abundancia
Difícilmente se pueda rentabilizar el camino hacia la Inteligencia Artificial General.
Este monstruo come demasiado. Al menos por ahora.
Datos. Capacidad computacional. Almacenamiento. Energía.
Investigadores. Ingenieros.
Modelos cerrados. Abiertos.
Texto, imágenes, video, audio. Robótica.
Multimodalidad y entendimiento del mundo físico.
Geopolítica.
La nueva “carrera armamentística” está abiertamente declarada.
El mundo capitalista, sin embargo, exige resultados.
No será para todos. Algunos serán comprados. Otros serán contratados. Es más fácil así, parece. El talento puede ser esquivo hasta que se quiebra. Todos tenemos un precio. Vil dinero.
Es que al final los resultados aún requieren demostrar, al menos, una curva ascendente. Acercarse a números negros. Bajar gastos (hoy imposible) o aumentar ingresos (eeehhhh…).
La financiación se angosta. Se hará esquiva.
Lo sienten. Lo saben.
Difícil. Incierto. Irreal. ¿O no?
El negocio digital es simple: o lo financia quienes lo consumen o lo financia alguien más.
No se lo inventó Internet, cierto es. Con los medios pasó lo mismo.
Por eso la TV “es gratis”.
“Tú no eres el cliente, eres el producto”.
Otra fake news: ¿Lo dijo Andrew Lewis (¿quién?) para explicar el negocio publicitario o lo dijo alguien más?
Corrían los ‘70s, era dorada de la TV, y ese “alguien” lo explicó de manera muy simple:
“Commercial television delivers 20 million people a minute.
In commercial broadcasting the viewer pays for the privilege of having himself sold.
It is the consumer who is consumed.
You are the product of t.v.
You are delivered to the advertiser who is the customer.
He consumes you.
The viewer is not responsible for programming——
You are the end product.”
No alcanza con las suscripciones ni con el consumo gratuito acotado. Nunca alcanzó, no nos hagamos los distraídos.
Se necesita algo más. No somos originales. Tampoco innovadores. Las cartas siempre estuvieron sobre la mesa. Echadas.
Los chatbots y sus futuros herederos también necesitan que te conviertas en el CONSUMIDOR CONSUMIDO.
Bienvenido hijo. Te estábamos esperando. ¡Era hora!



